Siguiendo con el tema, pero hablando más de hechos, que de pensamientos. (Vamos, a contar lo que os interesa a todos y entendéis)
Desde que volví he quedado con bastante frecuencia con Eloísa, eso no es ningún secreto. Quedaba con ella porque me cae bien y disfruto de su compañía, tampoco es ningún secreto. Quedaba con ella porque me gusta estar con ella, mirarla, escucharla, tratar de complacerla... y una larga lista de etcéteras que como que me lo callo más.
El caso es que menciono que llevaba tiempo tratando de ver el cascanueces de Tchaikovsky, cosa que no me extraña, es uno de sus compositores favoritos, y encima la historia es de estas bonitas y clásicas, de las que también le gustan a la princesa por excelencia. Y se había enterado de que estaba en Madrid, y estaba esperando a que su hermano le dijera en que fecha podría acompañarla, pero temía que su hermano pasara del asunto. Así que un día le pregunte si el día después de navidad hacia algo y me dijo que no. Y fui al Corte ingles (¡Oh salvador!) y cogí las entradas. Así que el sábado 26 y sin ella saber nada nos fuimos a comer a Madrid (Y comimos en un chino estupendo sin hacer cola... de verdad, ¿La gente que va a Madrid no se entera de que hay restaurantes fuera de Gran vía, o es que son vagos?) y luego me paré delante de la puerta del teatro y me dice:
-¿Por qué nos paramos aquí?
-¿No querías verlo?- Le conteste yo
-No pretenderás entrar, mira que de gente hay, y la cola de la taquilla es enorme, aquí no se puede entrar sin tener la entrada comprada de hace días
-Sí, de eso tiene pinta- Le dije mientras le tendía un sobre donde había guardado las entradas.
Ella lo cogió, y tras mirarlo me miro a mi sonriente. Ella disfruto muchísimo el ballet, no le quito ojo, lo que fue una suerte, porque en el primer acto pegué un par de cabezadas, lo siento, el ballet no me llega y me había levantado a las 9.
Al salir y tras contarme lo bonito y lo mágico que le había parecido le pregunte que si quería venir a casa y probar un té nuevo que había comprado. Fuimos a mi casa, hicimos el té y nos pusimos a hablar de otros espectáculos, y fuimos a mirarlos por internet. Como en la habitación donde tengo el ordenador que menos tarda en encenderse no tengo sillas (Todavía estoy amoldándome… vale, no es excusa, pero algo tengo que decir) ella se canso de estar de pie y se sentó en la cama. Cuando termine de mirarlo seguimos hablando y tal, me senté a su lado… y me pasó algo que me lleva algún tiempo pasando.
Sé que está mal, y que es un comportamiento digno de un capullo, pero a veces se me escapa darla un beso. Es guapa, me gusta, y por mucho que me lo niegue la sigo queriendo, y mi cabeza no puede controlar las 24 horas del día a mi cuerpo. Casi todas las veces que paso me retire al segundo y me hice el loco, pero imagino que ella estaría harta de que hiciera eso, y una vez que me quite la que me beso fue ella. En ese momento fue como si hubieran saltado los plomos, y por mucho que pensara, mal, mal, no debería estar haciendo esto, se quedaba ahí. Y se juntó el que hacía mucho tiempo que no lo hacía y en el fondo quería hacerlo porque ella significa algo para mí, que ella también quería y que estábamos en una cama. Pero fue raro realmente, porque fue muy corporal, despegado casi, no porque no sintiéramos nada, sino porque paso así. Así que ella al poco se quedo dormida y yo le estuve dando vueltas porque no me sentía bien con la situación. Y al final la desperté para hablar. Era absurdo seguir evitando el momento. Y la situación era aquella: Había estado muy agobiado con los exámenes y con la montaña de trabajo que había tenido, mi hermana está en el hospital porque tiene cáncer, mi amigo David… no diré nada de su situación y de cuanto me crispa, por respeto a él, y porque probablemente ya lo sepáis. Son muchas cosas y yo no puedo pensar ni bien ni claramente en situaciones así, y mucho menos decidir que quiero hacer, así que así se lo dije, y ella me dijo que lo entendía.
Pasaron unos días y no hablamos, yo estuve pensando y tal, hasta que quedamos el viernes para ver “Angelina o el honor de un brigadier” (100% recomendado) y tras lo negra que empezó la noche (En la zona de teatros Canal, los aparcamientos no existen y llegamos por los pelos) lo pasamos muy bien, la obra fue estupenda, graciosísima. Luego fuimos de camino a mi casa, paramos en el McAuto y cenamos en mi casa. Jugamos un rato, le eche un poco de pomada en parte de una erupción que tiene (Le ocupa todo el cuerpo, así que no era plan de volverla a liar) y como se hizo muy tarde se quedo a dormir. Al día siguiente no hacía muy buen tiempo, así que la dije que se quedara, pero que supiera que tenía que estudiar unas horas, pero que disponía de todo lo que había en la casa para entretenerse. A ella le pareció bien, así que tras pasar el día viendo la fox, haciendo experimentos en la cocina y jugando al Toejam and Earl, por la noche yo me puse a estudiar y ella con el ordenador. En algún momento de la noche oí algunas cosas caerse y no pude evitar reírme… Muy típico de Eloísa tirarme algo sin querer. El caso es que en el cuarto del ordenador tengo muchas cosas que no uso o que no quiero ver, entre ellas el recibo y los papeles del anillo que compre, metido entre dos libros que Eloísa tiro.
Al ir a colocarlo imagino que se paró a mirar lo que colocaba y al ver un ticket de algo tan caro, en una joyería que conocía y ella no saberlo, se extraño, por la fecha en la que estaba pagado, cuando salíamos. Cuando fui a avisarla de que terminaría en breve la vi pálida y al preguntarla que si le pasaba algo me dijo que sin querer había visto un video gore en internet. Me lo creí, cuando lo que le debía pasar era que estaba pensando que cuando salí con ella tenía un amante o algo así al que le regalaba ese tipo de cosas.
El caso es que al rato volví para hacer algo con ella, y seguía rara.
-¿Qué te pasa?
-Yo… siento muchísimo haberte tirado las cosas de la estantería pero… -comenzó a decirme
-Pero has roto algo
-¡No! Yo, de verdad que no quería fisgar tus cosas pero es que he visto una cosa que necesito que me expliques – dijo nerviosa y medio gritando. Yo ni tenía remota idea de que hablaba
-Bueno… ¿Qué es?
Ella se volvió hacia la estantería y cogió el ticket. Me lo tendió y al verlo… Bueno, fue el equivalente a una buena hostia en la cara. En parte me dolió que ella me enseñara aquello, no que lo mirase, si no el hecho de recordarlo y recordar la situación. Me senté mientras me iba mentalmente a los mundos de yupi. Ella se arrodillo enfrente mía para mirarme a la cara. Respiraba agitadamente, estaba alterada. Antes de que pudiera decirla nada me dijo
-Dime que no le regalabas cosas a otra…
-¡No!¡Yo te quiero! – Le salté
Ella paso de los nervios y la tensión a poner cara de sorpresa por haber dicho eso de golpe. Yo mismo estaba sorprendido de haber escupido esas palabras, pero bueno, poco se podía hacer ya dichas.
-Mira…fue algo que compre para ti, pero no hubo ocasión de dártelo
Ella se puso de pie y me medio miró con cara de no me lo creo mucho. Así que aun con todo el dolor que aquello me suponía, me levante, abrí el armario y rebusque entre la ropa hasta palpar la caja. De espaldas a ella mire la caja y finalmente me volví y se la tendí. Ella me miro extrañada pero la cogió y le retiro el lazo que llevaba. La abrió y al segundo comprendió perfectamente que era aquello. Volvió la vista hacia mí con los ojos bien abiertos y toda pálida. Cerró la caja rápidamente y la dejó en la mesa mientras se llevaba las manos hacia la nariz y la boca. La vi tambalearse y la agarre para que se sentara en la cama, donde se desplomo. Tardo apenas unos segundos en reaccionar. Me miro entre asustada y enfadada.
-Veras… -comencé yo, sentándome en el borde de la cama
-¡¿Veras?! ¡Contigo nunca se ve nada! ¡Nunca hablas, nunca te expresas! ¡Podrías esconder a Bin Laden y no lo sabría nadie, porque nunca hablas de lo que haces o de lo que sientes! ¡Y luego pasa lo que pasa, cosas como esta u otras! ¡Yo jamás…
Detuvo la frase para poder respirar, y mientras tanto una lágrima le resbalo por el rostro. Yo me sentía mal por lo que me acababa de decir, puesto que en el fondo es cierto. Así que le retire la lágrima
-¿Tú jamás qué?
-Yo nunca podría haberme imaginado que habías hecho eso, o que realmente estabas interesando en llegar tan lejos, yo… Hay un millón de cosas que nunca he preguntado o nunca he sabido, y… yo no sé nada
-¿Qué cosas?
Ella medio rio
-Por favor, a estas alturas no te hagas el tonto. Llevamos semanas que no que sí, y yo no puedo hacer nada porque no se qué quieres, que haces conmigo o que pasa por tu cabeza, salvo por lo que me explicaste el otro día. No hemos hablado nunca de tantas cosas, y yo solo sé cómo me sentí yo en situaciones importantes para mí, pero no sé si lo fueron para ti, o que…
Yo no dije nada, pensando en lo que decía. Saqué un pañuelo de la mesilla y se lo tendí mientras le hacia un gesto para que continuase. Ella se seco las lágrimas y suspiro
-No sé cómo te sentiste con lo del aborto, ni con todo lo de después, ni con la ruptura… No sé qué quieres, que esperas o que piensas de mí…
Hizo una pausa y me miro. Yo no sabía que decirle, todo lo que estaba pasando me tenía muy descolocado y no sabía qué hacer o cómo reaccionar. Me tumbe al lado suya mientras pensaba en que decir o hacer, cuando ella se ladeo para mirarme.
-¿De verdad me quieres? ¿Aún?
Me volví yo también para mirarla a la cara mientras hablábamos.
-…Nunca deje de hacerlo, pero ha pasado tanto…
Ella volvió a medio reírse
-Lo sabía
-¿El qué?
-Es por Oniro, ¿Verdad? (El nombre de su hijo)
- A ver… tiene que ver, vale, pero no es lo único, no pienses que soy tan capullo, es también lo que te dije el otro día y yo, yo no sé nada de niños ni de cómo actúan los padres y que se yo, lo mismo en unos años también tengo cáncer y se ha encariñado y…
-¡No seas idiota!- Me interrumpió- No pienses esas estupideces. Para ser padre no hay que sacarse un máster, tú te preocupas por la gente y te mueves por ella, no hace falta más, yo no te voy a pedir que seas su padre porque ya tiene uno ¡pero es parte de mi vida, y yo quiero compartirla contigo y no puedo dejarle fuera!
Las últimas palabras a duras penas pudo decirlas puesto que le faltaba el aire y lloraba. La estrujé contra mí pecho, donde note el agitado latido de su corazón. La separe de mi, y ella fue a seguir hablando, pero le puse un dedo en la boca.
-Como te sigas alterando te va a dar un infarto, y no me apetece que lo tengas. Hablaremos más, pero ahora no, así que no hables y relájate.
Ella suspiro y asintió, y en cuanto se tranquilizó se durmió. He de admitir que yo al poco también me dormí.
Para mí fue una noche dura puesto que me lleve muchos palos y la situación no estaba en mis manos, y se volvió todo del revés y tuve que sacar mierda, pensar en mis errores… Pero ahora ya solo queda reorganizarlo todo otra vez.
lunes, enero 11, 2010
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