Septiembre 1989
Estaba en la misma mesa, en la misma clase y en el mismo curso con críos de 14 años riendo y jugando. Lo único distinto al año anterior es que un criajo se ha sentado a mi lado.
El chaval me suena mucho. Tiene el pelo oscuro, los ojos también. Es flaco y de mediana estatura. Me mira expectante, esperando a que haga algo. Me limito a recostarme en la pared y mirar al viejo profesor de matemáticas. Este me echa una mirada despectiva, cargada de desprecio, como las que me echan todos. Yo simplemente abro el cuaderno y me pongo a escribir y a garabatear la hoja, con la esperanza de que el niño de al lado deje de mirarme.
Levante la mirada del papel para ver si el chaval dejaba de mirarme. Le vi toqueteando mis bolígrafos y rotuladores. Sin miramientos, le pegué un carpetazo en la parte de atrás de la cabeza. La clase rió y el profesor se volteo. Me parecía absurdo ocultar que le había dado un collejón a ese mameluco con la carpeta. Al acabar las clases tuve que quedarme una hora más, castigado. Prefería estar una hora castigado, que pasar una hora en mi casa. Lo malo sería la bronca que me iba a echar mi padrastro cuando llegase a casa.
domingo, octubre 08, 2006
Misma sensacion,mismo dolor
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)

2 comentarios:
la verdad, yo de pequeño me he llevado alguna patadita y muchos comentarios por ser gordito, no guardo muy buenos recuerdos. aunque no tiene punto de comparacion de las cosas que pasan hoy en dia en los colegios. una simple colleja en aquella epoca era normal. hoy en dia los chavales se pasan mucho con la gente, pienso que es una de las raizes de la violencia de genero, puedo estar equivocado tal vez. o quiza no...
Eso de mediana estatura...hay que discutirlo
Publicar un comentario